lunes, 9 de agosto de 2010

"Romualda, La Femme Forte"

"Romualda, La Femme Forte"

Se llama Eloína Lidubina pero todo el mundo la conoce como Romualda, La Mujer Forzuda.

Apenas nadie conoce su verdadero nombre pero quién se entera siempre dice lo mismo: "vaya, no te pega nada." A ella no le importa en absoluto, está muy orgullosa de su carrera artística.
Cuando llegó al circo Gran Omelette hace más de 15 años el único modo en que se dirigían a ella era: "¡Eloína, limpia los establos!"

Sin embargo, Gerôme Gérard, ávido chef de piste del circo, enseguida supo vislumbrar en ella un diamante en bruto. Su gran corpulencia, sus rudos rasgos y el exceso de vello llamaban la atención de todo aquél que se cruzaba en su camino. Cualquier otra persona se hubiese sentido muy molesta, habría optado por odiar a todo el mundo y por encerrarse donde no la viera nadie pero a Eloína le encantaba la gente y sabía darle la vuelta a cualquier situación desagradable. Con los que más disfrutaba era con los niños, se divertía de lo lindo haciéndoles "el monstruo" y echando a correr tras ellos entre gritos y risas. Al final siempre acababan haciendo una montaña sobre ella en una batalla de cosquillas.

De esta manera Eloína Lidubina terminó siendo Romualda, La Barbuda.
No fue una época muy feliz para ella dado que, para que la atracción causara impacto, Eloína tenía que evitar que la vieran, así que no podía salir a saludar a la gente ni a jugar con los niños como antes.
Afortunadamente en el circo tenía grandes amigos, como Clotilde y Jaume, la adiestradora de gallinas y el contorsionista. Ellos la conocían bien y sabían lo mal que lo estaba pasando, por eso trataban de entretenerla con juegos y malabares.

Una mañana vinieron unos niños de la escuela a visitar el circo. Entre las cortinas de su caravana Eloína podía verlos sentaditos y superconcentrados en las piruetas de las gallinas de Clotilde. A toda prisa empezó a revolver en los armarios y baúles que inundaban su caravana, sacó unos cuernos de allí, unas plumas de allá,... y de golpe surgió de la caravana hecha un verdadero monstruo y levantando una estampida de niños que gritaban por doquier.


Las venas parecían estar a punto de estallar en las sienes de Gerôme Gerard. Jamás nadie lo había visto tan enfadado, ni siquiera cuando uno de los leones de Leónidas le dio un mordisco en el trasero durante una función. Gritaba a Eloína no sólo por la conmoción que había provocado a los pobres niños, si no porque había desobedecido su orden de no dejar que alguien la viera. Terminó el sermón con un: "¡Vete a tu caravana y ni se te ocurra volver a salir!"
Eloína no pudo soportarlo más, la sola idea de volver a ser recluida le hizo enloquecer y empezó a coger todo lo que estaba a su alcance y a lanzarlo por los aires. Todos corrían atemorizados, sobre sus cabezas volaban sillas, taburetes, tambores... ¡ hasta las caravanas! Nada parecía lo suficientemente pesado como para que Eloína no lo pudiera levantar.

El único que no salió huyendo ante el huracán Eloína fue Gerôme Gérard. Al principio pensaban que se había quedado en shock luego se dieron cuenta de que en realidad estaba fascinado ante la fuerza de Eloína. Ésta, al verle allí, frente a ella, petrificado de aquella manera, consiguió ser consciente de lo que estaba haciendo y se calmó. Avergonzada por su comportamiento pidió perdón a sus compañeros y se dirigió a su caravana, no para esconderse, si no para hacer las maletas.

Al salir de la caravana Gerôme Gérard la esperaba arropado por el resto de los componentes del circo.

-"¿Qué haces Romualda? ¿A dónde vas?"
-"Sr. Gérard, comprenderá usted que después de lo sucedido no puedo continuar siendo Romualda, La Barbuda."
-"Sí, eso es cierto... ¿Pero qué va a ser de nosotros sin no tenemos a Romualda, La Forzuda para que nos ayude a arreglar este desbarajuste?"

Eloína miró a su alrededor: la carpa estaba en el suelo, había trastos desperdigados por todas partes, quedaban en pie pocas caravanas y los animales estaban tan asustados que se habían acurrucado en un rincón de sus jaulas. Aún así sus compañeros le suplicaban que no se marchara.

Ante tal gesto Eloína sólo pudo suspirar un sentido "gracias" a la vez que agachaba avergonzada la cabeza y secaba sus lágrimas. Acto seguido, entre risas, todos se abalanzaron sobre ella para iniciar una de sus famosas batallas de cosquillas.

Hoy en día "Romualda, La Forzuda" es uno de los espectáculos más atractivos del Circo Gran Omelette. Ella es capaz de levantar cualquier cosa por muy pesada que sea, se pasea como si nada con 50 niños cogidos a su cuerpo y luego los lanza al aire hasta que llegan a tocar las nubes para después recogerlos uno a uno antes de que lleguen al suelo.

¡Todo el mundo quiere a Romualda, todos quieren ser como La Mujer Forzuda!

Miriam Rodríguez

3 comentarios:

  1. Qué maja Romualda, por ahora es mi favorita :)

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  2. Ami me parece bastante curiosa la historia pero porfavor dile a Romualda algo romántico.

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